Archivos Nexeriantes. Capítulo 1

 

Archivos Nexeriantes

Capítulo 1


—Oye, hermanito, ¿no te imaginas quién estuvo hoy aquí?

—¿Quién?

—Claudia.

—¿Por qué vino? —Magnus parece asombrado.

—Pues no me dijo. Quería hablar contigo.

—¿Qué le pasaría?

—¿Será que aún hay cosas entre ustedes?

—No hay nada, hace mucho que no sé de ella.

—Con razón. Me pidió que la llamaras, y aquí te dejo su número —le pasé un papel con el número de Claudia anotado—. Esperaré los detalles —le digo con una sonrisa burlona.

—Deja de bromear. Es muy raro que me pida que la llame.

Aunque mi hermano tiene razón. Claudia fue su novia durante los últimos dos años de escuela, pero cuando nos graduamos, decidieron terminar porque irían a universidades en diferentes ciudades. Nunca lo vi tan feliz con alguien como lo fue con ella. Ambos creían que eran muy jóvenes y que debían seguir sus caminos, dejando que el tiempo decidiera si debían volver a estar juntos. Tiene algo de romántico. Han pasado tres años y, en el fondo, creo que él aún no la ha olvidado. Se ha mantenido soltero desde entonces. Pero quizás sea demasiado pronto para decir que la está esperando.

—¿Será muy tarde para llamarla?

—Son las nueve de la noche. Intenta.

Observo a mi hermano de camino a la puerta principal. Desde la ventana, lo veo caminar de un lado a otro con el celular en la oreja. Habla, escucha. Luego de unos pocos minutos, regresa al sofá.

—¿Y bien?

—Creí que estarías escuchando.

—Oye, por mucho que me mataba la curiosidad, decidí quedarme aquí y respetar.

Mi hermano me mira con una ceja arqueada.

—De verdad no escuché nada. Soy paciente. Estaba esperando que me contaras.

Magnus aún parece incrédulo, pero decide hablar. —No quiso decirme por teléfono. Al parecer es algo importante. Nos veremos mañana en el café de Richard.

—¿Será que te pedirá que vuelvan?

—Lo dudo. Su tono parecía más bien preocupado, pero no logro imaginar qué tiene que decirme.

—Quizás se dio cuenta de que no puede vivir sin ti —junto las manos en señal de expectativa, con cara de emoción.

—No será eso. Estoy seguro. Ambos seguimos con nuestras vidas.

—Quizás tú, pero tal vez ella no.

—Tendremos que esperar hasta mañana para confirmarlo. Además, si estás tan interesada en el romance, ¿por qué no sales y te buscas un novio?

—No es necesario. Solo estoy interesada en un chico superguapo que conocí en una fiesta.

—¿Y por qué no te veo con él?

—No sé dónde vive. Pero recuerdo sus características —me pongo seria—: era rubio y alto, de ojos azules.

Mi hermano me mira con cara de pregunta— ¿Quién es?

Sonrío con un poco de pena—. Fue un chico que conocí cuando tenía catorce, en una fiesta a la que no fuiste porque estabas en otro lado.

Mi hermano me mira de cerca con los ojos muy abiertos. Puedo ver, a través de sus lentes, que sus pupilas son casi negras. Me recuerda que las mías son casi amarillas.

—Eso fue hace seis años. Creo que mereces mi ayuda.

—No la quiero.

Mi hermano no para de reír, y yo me uno.

—Creo que me iré a dormir.

—Quieres verte guapo para la chica.

—Basta, niña.

—Está bien. Me cuentas los detalles en el almuerzo.

—Vale. Descansa.

—Tú igual.

 

Al día siguiente llegué un poco tarde a mi clase de álgebra, y esta vez fue más larga de lo normal. Me hace reconsiderar si no habría sido mejor faltar. Estudio matemáticas porque me encanta, pero el profesor Pérez logra que pierda el entusiasmo. Además, estoy que jalo el tiempo para que mi hermano me cuente qué le dijo Claudia.

—Bueno, estudiantes, estos últimos diez minutos, espero que los inviertan bien. La próxima semana será el examen de los últimos temas que hemos visto.

Salgo casi corriendo. Aún faltan cuarenta minutos para reunirme con Magnus, pero espero que llegue temprano y me cuente. Corro a toda prisa a la cafetería de la universidad. Al llegar, no lo veo. Bien, no me complicaré: esperaré.

—¡Meivis!

Miro a todos lados sin saber quién me llama. Pierdo la esperanza de que sea mi hermano, porque es la voz de una mujer.

—¡Meivis, aquí atrás!

Mi vista se dirige a una mesa bastante al fondo, cerca de la ventana. Mi amiga de la escuela, Heidy, está con los brazos alzados, gritando mi nombre. Corro hacia ella para que la gente deje de mirarme.

—La discreción sigue sin ser lo tuyo, ¿verdad?

Mi amiga me abraza— Sabes que no me importa lo que digan los demás.

Solo le sonrío, aceptando su afirmación. Aún no puedo creer que siga tan delgada, con su cabello negro súper largo y su piel morena perfecta. Ella siempre ha sido muy hermosa. En su mesa están su novio y una compañera de su facultad que ya me había presentado. Los saludo a todos con un breve "hola".

—Meivis, ¿recuerdas a Nataniel?

—Sí. Desde que nos graduamos no he sabido de él. Aunque no éramos muy cercanos.

—Ni conmigo era cercano, pero me enteré de que está en coma.

—¿En serio? ¿Y qué le pasó?

—Nadie sabe. Raquel, su prima, la que estudiaba con nosotras y a veces se nos pegaba en las meriendas, me dijo que se acostó a dormir y no despertó, pero sigue vivo. Los médicos no determinan la causa de su estado.

—Es muy extraño.

—Sí...

Hubo un momento de silencio entre ambas, aunque yo estaba tratando de ver si mi hermano había llegado.

—Cambiando de tema, hay una pregunta que me carcome.

—Dime.

—¿Tienes novio ya?

—No —dije distraída.

—No recuerdo que dejaras un amor en la escuela.

—No lo dejé —dije un poco seria, porque sabía la siguiente pregunta.

—O sea que... ¿sigues sin tener novio?

—Así es.

—Vaya, es increíble.

—Supongo. ¿Me llamaste aquí solo para preguntarme eso?

—En la universidad nos vemos muy poco. Tenía mucha curiosidad. Nunca encontraba el momento para preguntarte. Siempre estás ocupada en tu trabajo ese misterioso del que nunca hablas, y con tu hermano.

—Lo siento. Así es mi vida —digo, casi como una disculpa.

—No importa. Por cierto, ¿no hay alguien que te interese?

La miro incrédula de que aún quiera seguir con ese tema.

—Bueno, sí hay un chico...

—¡En serio! Cuéntame.

—No hay mucho que decir. Lo conocí en una fiesta elegante.

—¿Y? —Mi amiga aún deseaba detalles que no quería darle. Pero al final, con su mirada, no pude resistir.

—Era un chico alto, de cabello rubio y ojos azules.

—Un estereotipo.

—Exacto. Pero la verdad, me pareció muy guapo.

—¿Y hablaron?

—No.

Ante mi respuesta tan cerrada, Heidy puso nuevamente cara de querer más detalles.

—Alguien nos presentó, pero ocurrió algo y tuve que irme de inmediato.

—¿Y ya?

—Sí.

—¿Pero sabes quién es? ¿Le puedes hablar?

—Lo dudo. Fue cuando tenía catorce años y no lo he visto otra vez.

—Eso fue hace seis años. Debió dejarte una gran impresión. Y más importante: eso fue en la escuela. ¿Por qué no me lo contaste?

—Quedé embobada cuando lo vi. Creo que hasta se me olvidó mi propio nombre. Y me daba algo de vergüenza.

La carcajada de mi amiga no se hizo esperar.

—Está bien, te perdono. Pero si no lo has vuelto a ver, deberías darte chance con alguien más.

—No lo sé. Aunque dudo mucho que lo vuelva a ver, no quiero salir con alguien por quien tenga poco interés.

—Supongo que en algún momento conocerás a alguien que te haga ceder... o quizás tu chico rubio reaparezca.

Ambas reímos por lo incrédulas que éramos con la idea, principalmente yo.

—Meivis.

Otra vez mi nombre, pero esta vez reconozco la voz. Me volteo. Mi hermano me llama. Está parado en la puerta con una expresión muy distinta a la que esperaba.

—Heidy, discúlpame. Quedé de almorzar con Magnus.

—Tranquila, la familia es primero. El lunes no se te olvide nuestra cita en el spa.

—Allí estaré.

—Y de paso vemos si encontramos un buen partido para ti —me dice, picándome el ojo.

—Suena tentador. Lo pensaré —le digo, sonriendo con sarcasmo.

Ella me sonríe y me dice adiós con la mano, mientras yo corro hacia mi hermano.

—¿Qué sucede? —le pregunto.

—Almorcemos en otro lado. Necesito hablarte de mi conversación con Claudia. Te concierne.

No entiendo dónde encajaría yo, pero mi nivel de curiosidad ha aumentado.


Capítulo 2


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